Hacía tiempo que no le daba al lápiz. Sería por despecho, por falta de creatividad, de tiempo, o por simple aburrimiento . Pues no hay motivo concreto, y hay muchos. El tiempo es el principal. O me dedico a esto o a lo otro, y son tantas las cosas que quiero hacer. El alma hay que alimentarla de experiencias para que pueda dar frutos. Y es así como me veo de nuevo viajando en busca de experiencias . No importa dónde ni cómo, pero lo importante es que hay ganas de beberse la vida. Y así me siento cuando viajo, que me bebo la vida.
Mi visita última ha sido a Marruecos, en concreto la ciudad de Tánger. Su gente, su gastronomía , sus historias. Son puntos de vista diferentes pero parecidos. Ves España desde Tánger, o ves España desde España. Una historia común durante 8 siglos. Una gastronomía más cerca de lo que pensamos.
Nos alojamos en el Riad La Tangerina, en la Kasbah. Cuando viajo a Marruecos, siempre elijo un Riad antes que un Hotel . El encanto del primero no tiene igual, y la comodidad y atención son espléndidos.
Farida la propietaria nos dio todo tipo de orientaciones sobre dónde ir, cuando, como, y con quién.
Un Riad con la mejor terraza de Tánger, que descansa sobre la muralla y se abre al Estrecho. La vista, de noche y de día, espectacular. El te a la menta con pastas, rodeado de flores, y con las gaviotas sobre volando las aguas es un cuadro para no olvidar.
El Haman turco es la despedida perfecta.
Tuve la suerte de poder disfrutar de la amabilidad de Naima , la cocinera del Riad. Estuvo enseñándome la cocina marroquí durante dos días. Hicimos tajine, zaalouk, ensaladas, postres...
Mientras, yo le contaba mis historias y ella las suyas. Lo de saber idiomas te abre las puertas, y la mente. La lengua es uno de los mejores tesoros que debemos cultivar.
El tajine de pollo al limón. El secreto del tajine, igual que en la paella, está en el fuego. Ni muy fuerte, ni muy flojo. Se necesita tiempo y dedicación. Es una cocina de mucho mimo.
Los ingredientes son los mismos que utilizamos en nuestros guisos , pero yo diría algo más enriquecedores. Juegan más con las especias: jenjibre, curcuma, pimienta, azafrán. La hierba por excelencia, el perejil. Y el cilantro también está presente en gran parte.
Cebolla, ajo, limón confitado(la carne) y aceitunas. Si lo haces con tiempo y mimo , a fuego lento y tapado, la carne se acaba deshaciendo, y la salsa espesa. Hay que preparar una barra de pan para mojar el plato, lo aseguro.
El Zaalouk. A mí que me chiflan las berenjenas, cuando descubrí este plato le juré fidelidad eterna. Naima con mucho arte asó y peló un kilo de berenjenas. Me dijo: " il est pour six personnes" y luego rayó tres ajos y los puso en la sartén con dos tomates rayados, añadió una cucharada sopera de aceite vegetal y otra de oliva virgen extra. Y aquí se explicó "c'est que je suis berebere par cela j'utilise les deux " Una vez estuvo hecho añadió perejil y cilantro cortado fino, un buen ramillete. Y en ese momento es cuando empecé a disfrutar de verla condimentar con tal generosidad!!!
Tres puñados de sal, uno de jengibre, dos de pimienta molida, uno de pimentón rojo, uno de comino en polvo.
Y es que en mi casa siempre hemos sido muy estrictos con la dieta . Mi padre padecía hipertensión y de rebote mi madre cocinaba sin sal. Lo irónico es que mi padre se echaba la sal en el plato, y mis hermanas y yo andábamos con la tensión por los suelos.
Volviendo al zaalouk. Una vez todo mezclado, añadió la berenjena y dejó hacer a fuego lento y tapado.
Aquí le dimos al pico las dos, así que no se el tiempo que pasó pero diría yo unos 15-20 minutos. También disfruté de un té a la menta con pastas.
Después lo dejó enfriar y sirvió con una rodaja de limón confitado en forma de flor y aceitunas .
Nada más volver de Tánger puse en práctica lo que había aprendido. Todos encantados. Hasta los más pequeños disfrutaron con los platos de verduras.
No solo comimos en el Riad. También fuimos a varios restaurantes. Algunos que recomiendo el Club Morocco con un toque francés, elegante, con una carta muy especial. Platos exquisitos y precios de España aunque algo más económicos(80 euros los dos).Buena carta de vinos. Además tiene piano bar y hay ambiente para tomar alguna copa después de la cena.
El Hamadi, típico marroquí. Estuvimos tan a gusto que repetimos dos días.
El Dorado, estilo casa de comidas pero en el que comimos un pescado recién traído de la lonja delicioso y a precios de risa.
El Riad La Tangerina también lo recomiendo. Merece la pena probar su comida, pero hay que reservar porque a penas tiene cuatro saloncitos en los que sentarse a cenar en un ambiente acogedor e íntimo.
En cuanto a los vinos siempre recomiendo tomar vinos de la tierra así que ahora no voy a cambiar . Hay mucha variedad francesa. Recomiendo la Cabernet Sauvignon que se ha aclimatado muy bien allí y da vinos con carácter. Probamos un shiraz de allí llamado Tierras Rojas que nos gustó mucho. El blanco es la segunda vez que meto la pata, pedí un Semillón y me falló. Y es que siempre espero algo de esa uva que en Marruecos no encuentro. No me daré por vencida.
Ahora toca enseñar a Lily , mi cocinera en La Querencia desde hace mas de diez años, y hacer una semana gastronómica en el Restaurante para compartir mis vivencias con los clientes que nos visitan. Cuento con la delicadeza de Lily que siempre coge a la primera la idea de los platos. Así que la próxima semana haremos pastela, cous cous, ensaladas marroquíes, tajines..y zaalouk.
Mi visita última ha sido a Marruecos, en concreto la ciudad de Tánger. Su gente, su gastronomía , sus historias. Son puntos de vista diferentes pero parecidos. Ves España desde Tánger, o ves España desde España. Una historia común durante 8 siglos. Una gastronomía más cerca de lo que pensamos.
Nos alojamos en el Riad La Tangerina, en la Kasbah. Cuando viajo a Marruecos, siempre elijo un Riad antes que un Hotel . El encanto del primero no tiene igual, y la comodidad y atención son espléndidos.
Farida la propietaria nos dio todo tipo de orientaciones sobre dónde ir, cuando, como, y con quién.
Un Riad con la mejor terraza de Tánger, que descansa sobre la muralla y se abre al Estrecho. La vista, de noche y de día, espectacular. El te a la menta con pastas, rodeado de flores, y con las gaviotas sobre volando las aguas es un cuadro para no olvidar.
El Haman turco es la despedida perfecta.
Tuve la suerte de poder disfrutar de la amabilidad de Naima , la cocinera del Riad. Estuvo enseñándome la cocina marroquí durante dos días. Hicimos tajine, zaalouk, ensaladas, postres...
Mientras, yo le contaba mis historias y ella las suyas. Lo de saber idiomas te abre las puertas, y la mente. La lengua es uno de los mejores tesoros que debemos cultivar.
El tajine de pollo al limón. El secreto del tajine, igual que en la paella, está en el fuego. Ni muy fuerte, ni muy flojo. Se necesita tiempo y dedicación. Es una cocina de mucho mimo.
Los ingredientes son los mismos que utilizamos en nuestros guisos , pero yo diría algo más enriquecedores. Juegan más con las especias: jenjibre, curcuma, pimienta, azafrán. La hierba por excelencia, el perejil. Y el cilantro también está presente en gran parte.
Cebolla, ajo, limón confitado(la carne) y aceitunas. Si lo haces con tiempo y mimo , a fuego lento y tapado, la carne se acaba deshaciendo, y la salsa espesa. Hay que preparar una barra de pan para mojar el plato, lo aseguro.
Tres puñados de sal, uno de jengibre, dos de pimienta molida, uno de pimentón rojo, uno de comino en polvo.
Volviendo al zaalouk. Una vez todo mezclado, añadió la berenjena y dejó hacer a fuego lento y tapado.
Aquí le dimos al pico las dos, así que no se el tiempo que pasó pero diría yo unos 15-20 minutos. También disfruté de un té a la menta con pastas.
Después lo dejó enfriar y sirvió con una rodaja de limón confitado en forma de flor y aceitunas .
Nada más volver de Tánger puse en práctica lo que había aprendido. Todos encantados. Hasta los más pequeños disfrutaron con los platos de verduras.
No solo comimos en el Riad. También fuimos a varios restaurantes. Algunos que recomiendo el Club Morocco con un toque francés, elegante, con una carta muy especial. Platos exquisitos y precios de España aunque algo más económicos(80 euros los dos).Buena carta de vinos. Además tiene piano bar y hay ambiente para tomar alguna copa después de la cena.
El Hamadi, típico marroquí. Estuvimos tan a gusto que repetimos dos días.
El Dorado, estilo casa de comidas pero en el que comimos un pescado recién traído de la lonja delicioso y a precios de risa.
El Riad La Tangerina también lo recomiendo. Merece la pena probar su comida, pero hay que reservar porque a penas tiene cuatro saloncitos en los que sentarse a cenar en un ambiente acogedor e íntimo.
En cuanto a los vinos siempre recomiendo tomar vinos de la tierra así que ahora no voy a cambiar . Hay mucha variedad francesa. Recomiendo la Cabernet Sauvignon que se ha aclimatado muy bien allí y da vinos con carácter. Probamos un shiraz de allí llamado Tierras Rojas que nos gustó mucho. El blanco es la segunda vez que meto la pata, pedí un Semillón y me falló. Y es que siempre espero algo de esa uva que en Marruecos no encuentro. No me daré por vencida.
Ahora toca enseñar a Lily , mi cocinera en La Querencia desde hace mas de diez años, y hacer una semana gastronómica en el Restaurante para compartir mis vivencias con los clientes que nos visitan. Cuento con la delicadeza de Lily que siempre coge a la primera la idea de los platos. Así que la próxima semana haremos pastela, cous cous, ensaladas marroquíes, tajines..y zaalouk.

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