jueves, 14 de febrero de 2019

INDIA SOLO PARA AQUELLOS QUE SEPAN VALORARLA

Cada vez que oigo a alguien que se queja de lo mal que lo pasó, de los olores, de la suciedad , me entran ganas de decirle que uno solo ve lo que su corazón le deja ver.
La India debería ser solo para viajeros que sepan ver, amar y disfrutar .
Hicimos un viaje familiar en minibus con nuestra guía y amiga Virpi.
El minibús nos recogió en el aeropuerto de noche e hicimos kilómetros desde Nueva Deli hasta Agra. Conseguimos llegar a primera hora, casi de madrugada, con lo que no había casi turistas y pudimos hacer buenas fotos. Siempre había oído que el Taj Mahal es una de las maravillas del mundo pero he de decir que hasta que no lo ves no entiendes lo que esto significa.
Después nuestro viaje continuó hacia Jaipur, ciudad a la que llaman rosa. Allí nos alojamos en Palacio Hotel Samoda, dentro de la ciudad vieja. El Maharaja la pintó de este color que da su nombre para dar la bienvenida al Príncipe Albert a la ciudad. Es una ciudad hindú, marcada por los 350 años de invasión británica.
Aquel Maharaja trasladó la ciudad desde Amber , debido a que en las montañas no se disfrutaba del Sol. Era un estudioso de los astros y un gran urbanista. Se nota que la ciudad está hecha con buen criterio, con calles diagonales como Barcelona.
Visitamos el mercado organizado por gremios de profesiones; el palacio de armas;el observatorio, donde nos hicieron la carta astral.
En este paseo pudimos ver el famoso Palacio de los Vientos, aunque en esta época estaban restaurando la fachada y aparecía cubierto de andamios.
Virpi nos llevó a la tienda de Raskid , a comprar joyas, donde nos invitaron al ron de la felicidad. Es curioso, en cuanto lo pruebas quieres comprar todo.


Acabó siendo un buen día para montar en Rigsau y tomar tandoori.
El tercer día nos dirigimos al fuerte Amber e hicimos la subida a lomos de un elefante. Allí arriba se levanta el Palacio de los espejos, una maravilla, como un cuento de Ali Baba.
De vuelta visitamos el Palacio de Agua y nos acercamos a un taller de alfombras donde  de nuevo nos recibieron con ron
Almorzamos en el centro comercial donde está Anohki. No puedes irte de la India sin comprar algunas de sus creaciones textiles.
Después nos fuimos al Templo de los Monos. Sí el templo que inspiró el escenario del Libro de la Selva de Kipling.
A la noche Virpi había preparado una gran sorpresa. Era el 30 aniversario de casados de mi hermana, así que preparó la boda por el rito Hindú.
Bueno, llegamos al cuarto día. baño en la piscina y Cuidado con los monos que roban las cámaras!!!
salimos para Pushkar. La ciudad de los hippies. Allí puedes ver la puesta de sol más hermosa, aprender a tocar los bombos y tomar ese ron tan divertido. Eso sí, a escondidas, en esta ciudad está prohibido el alcohol.
Tenéis que saber que la India es una mezcla de religiones , y algunas ciudades son hindús, otras musulmanas, de todo se puede encontrar.
Nos levantamos a las 5 para ver la salida del Sol y a las mujeres de allí lavar sus ropas. Es un regalo para la vista. El reflejo del sol en el agua, los colores de los velos, sus pelos negro azabache.
Los monos nos atacaron en manada, pero nos quedamos quietos y pasaron de largo.
Salimos después del desayuno para Udaipur, pasando por Ajmer, y Devgar. Comimos en el palacio del Maharaja que es famosos por su cocina. Allí mismo pude realizar un curso de cocina tradicional.
Afortunadamente llegamos a la puesta de Sol justo para verla desde arriba de una de las colinas de Udaipur. Ciudad de los lagos artificiales.
Al día siguiente visitamos el templo de Bisnu. Coincidió esta visita con los preparativos de la Happy Holy.
A la vuelta en el hotel piscina y un masaje que no falte.
Al día siguiente visitamos la casa de Baba. Una chabola tipo cueva donde cuatro generaciones viven bajo la tutela del abuelo Baba. Nos invitan a tomar te con pastas y les enseño a las niñas a bailar sevillanas. Les brillaban los ojos de admiración, y eso que no se bailar sevillanas, pero son tan agradecidos y te dan tanto, que no sabría explicar la emoción que te hacen sentir.
A esas alturas ya íbamos todos con las caras llenas de pintura.
De camino a Jodpur paramos en un templo y nos recibió un famoso Gurú. Nos enseñó a meditar.
En Jodpur compramos especias.
Por la mañana me despierta un hindú rezando oraciones. Mi ventana daba al estanque y pude verle tirar pétalos de flores al agua.
Ya vestidos nos dirigimos al fuerte Meradwar, segundo monumento más visitado de la India. Se queda gravada en la mente las manos de las princesas que se suicidaron quemándose
vivas como la tradición pedía al morir su Maharaja(1843).
Salimos para Jaizalmer y paramos a comprar fruta. Diría que otra joya que tiene la India son los mangos.
Eso y el Thai: vaso de leche, vaso de agua, una cucharada de te, dos ramas de canela, dos cardamomos y un poco de gengibre. Hervir, colar y beber.
Desde la entrada a la ciudad pudimos ver la puesta de Sol y más allá. el desierto.
EL hotel, otro palacio de Maharaja es espectacular, en la misma muralla.
Visitamos las havelis. Allí en las tiendas del mercado compramos ropa y mochilas militares. 
Al día siguiente nos dirigimos al desierto de Pakistan . Subimos en dromedario y nos adentramos a ver la puesta de Sol. Esa noche cenamos en las tiendas con un espectáculo  tribal. A mí como siempre me sacan a bailar. Cenamos Thali, bandeja de varios platos típico de allí.
Al día siguiente volvimos a Jodpur para coger el avión a Deli.
En Deli visitamos la mezquita, no sin nuestra bata de andar por casa que te obligan a llevar para no ofender con nuestras ropas occidentales.
Impresionante la visita de Vieja Deli. Polución, superpoblación.
Al día siguiente visitamos Indian gate, los ministerios y el palacio del Presidente.
Comimos en el barrio chic en un restaurante ideal The Zo. Visitamos el templo Sij, Templo de Lotus que abarca todas las religiones.
Por la noche de marcha al @live.
Salimos temprano y con algo de resaca para Varanasi. Menudo final de viaje.Visitamos los gats y crematorios. Los cuerpos se queman a orillas del ganges y se puede ver en la otra orilla a niños jugando con cometas.
Pudimos asistir a la ceremonia hindú que se hace a orillas del Ganges.
Un poco con el Alma tocada nso arreglamos apra la última cena. Recomendado el radisson, exquisito.
A la mañana siguiente salimos en barca por el Ganges a ver la salida del Sol. Tiramos cada uno nuestra vela al agua del río sagrado.
Nuestro guía es peculiar, nos explica todo a la velocidad del viento. No para de tomar bolas de esa droga que mastican por allí. Nos cambia los nombres a todos.
Al día siguiente volamos hacia Deli- Ojo con llevar chili en la mochila. Estas especias no se pueden llevar en cabina.
El avión no pudo aterrizar en Deli por la tormenta y nos desviaron a Jaipur. Fue una maniobra muy peligrosa ya que cambió de idea en el último segundo. Aplicaron protocolo de emergencia y sustituyeron al piloto. Fue duro, recordábamos las palabras de nuestro guía en Varanasi: ¨Hay que ser felices y vivir el presente, la muerte llega cuando llega y no hay que preocuparse por ello¨
El vuelo de Jaipur fue muy movidito también pero finalmente llegamos.

La India debe llegarte al corazón.

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